Querido papel hasta hace un momento en blanco:
No sabes cuán difícil es librar estas palabras de mi loca mente, por eso lo haré en varios actos como hicieron en su día numerosos escritores con sus obras de teatro. Este podría considerarse el primer acto, digamos que es una pequeña introducción. Un paso adelante para reconocer mi problema.
Estoy loco, sí, lo reconozco. Desde el momento en que me ahogué en sueños en un vaso de agua, sentí que en mi frágil cerebro se activaba un interruptor. Pasé de corriente continuamente cuerda, a corriente alternamente esquizofrénica.
Me desperté de un sueño, desorientado. Me levanté de la cama y comencé a andar con pasos erráticos por la casa, asustándome en mi camino a la cocina con una sombra de un coche que se reflejó en el techo. ¿Acaso creí que era el rayo de luna que un día persiguió Bécquer? Con las manos abiertas, tocando las paredes llegué hasta la puerta de la cocina y lo vi...
Estaba junto al fregadero, y un suave brillo iluminaba sus paredes de perfecto cristal rayado. Reculé y me apoyé en la pared que tenía tras de mí, tirando en mi torpe movimiento el paragüero. Miré el paragüero en el suelo y realmente asustado abrí la puerta y salí al rellano de la escalera.
Jadeaba como si hubiera corrido cien millas, y unas lágrimas contenidas caían por mis ojos aterrados. Entonces lo oí por primera vez.
"¿Qué te ocurre niño?" Me quedé petrificado, y miré a mi alrededor realmente asustado. "Ven conmigo... Aquí, baja las escaleras..." Era una voz que venía del fondo de la escalera, me acerqué gateando hasta ella y asomé la cabeza un poco. No había nada, solo la negrura típica de un hueco de escalera a las cinco de la mañana, como entenderás querido papel, estaba aterrado. Muy aterrado.
"Baja, ven conmigo... A bailar en mi aquelarre." Esas fueron las últimas palabras antes de que entrara en mi casa corriendo, cerrase la puerta y me desplomase con la espalda apoyada contra ella. Asustado, y sin comprender que era aquello que me llamaba, desde el fondo de la escalera.
Habrán pasado tres semanas desde ese día, pero el temor y la ansiedad que me produce acercarme a la escalera no tiene parangón. En mis peores pesadillas salgo de mi casa y está estropeado el ascensor, y no es que no me apetezca usar la escalera, es que me aterra el ser que me llama desde el fondo de la escalera.
Aunque por esto y otros episodios que me han ido pasando, y tras leer algunas cosas en la red y documentarme. He llegado a pensar, que esto podría ser una mala pasada de mi mente, que algo no funcionara bien en mí. Ahora no sé que me da más miedo, si ese ser o mi posible locura.
Así que querido papel, dime, ¿qué piensas tú? ... Realidad ... o ... ¿ficción?
martes, julio 15, 2008
lunes, julio 07, 2008
Te quiero...
Habrá mil idiomas para decirlo, mil maneras, mil medios y doscientos mil emisores. Puede decirse con flores, con chocolate, con pétalos de cerezo.
Pero nada tendrá más valor que dormir mañana contigo abrazado, y susurrártelo al oído...
Te quiero ;)
Pero nada tendrá más valor que dormir mañana contigo abrazado, y susurrártelo al oído...
Te quiero ;)
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