domingo, junio 18, 2006

Amigos...


Todavía me acuerdo de cuando era un peque, todo era amor y felicidad, le tiraba piedras a los gatos, les escupía a los calvos, le hacía a la gente todo tipo de golfadas, que tiempos eran aquellos. En esos días los amigos se medían en el número de sugus que tenías que comprar cuando era tu cumpleaños, y además eran amigos, pero conforme creces las cosas van cambiando.

Conforme creces y te haces mayor, esas cosas van cambiando, amigos que conocías de pequeño ya ni te saludan por la calle, gente con la que estabas todo el día, ya solo quedan unos pocos y algunos que vas conociendo. En el instituto haces un pequeño puñado de amig@s de verdad, en la universidad también te haces unos pocos, en la residencia te haces un puñadito, pero siempre puedes separar la paja del trigo. De pequeño te llevabas bien con todo el mundo, le caías bien a todo el mundo, personalmente creo que sí ahora le caes bien a todo el mundo es que eres un perfecto gilipollas.

Cuando era un enano las disputas con los amigos eran más sencillas, te podías pelear para que te invitase a un fla, o cagarte en su putísima madre por tirarte un cactus desde un segundo, o un montón de pamplinas, y al final podías acabar sacándoos los dientes de leche a ostias, total tampoco iba a pasar nada, eran de leche, y además antes de los catorce el seguro te pasa el dentista.

Pero cuando creces, y llegas a la universidad, las puñaladas son puñaladas, y duelen como tales, abundan las buenas caras, la falsedad, ya la gente no se da de ostias, eso está mal visto en la universidad, pero las puñaladas traperas y las caras falsas están a la orden del día. Yo conocí a un tipo que iba de genio por la vida, hace poco parece que ha florecido, y su flor huele, la verdad es que huele, mal, muy mal, apesta. Sabía ponerte la mejor cara por delante, pero por la espalda tenía un puñal apuntando a la yugular, y así le va, que cuando la mierda huele, a la gente que no huele igual no les gusta acercarse, pero a los que huelen igual les da igual, total ya están acostumbrados a oler a mierda...

La verdad, de toda la gente a la que he conocido me quedo con bastantes, y desecho al doble o al triple, me quedo con esos buenos momentos estudiando con los degenerados en casa de Baredal y lanzando cubitos de hielo por la ventana, o con las de ostias que le dábamos al Carrión entre Ramón y yo, me quedo con esas noches en la Habana sin hacer nada de nada, con mis salidas nocturnas en por la capital andaluza, con los días de aburrimiento con David viendo los soldaditos, con esos momentos jugando en el Druida a ser quien no eres, con yo y mi primo pegándonos por el telemando en el sofá, con la imagen siempre grabada en mi cabeza de Ramón tirándole un cactus al Bustos y su risa de malo de peli después, con el día que besé a Patry, con mi primera borrachera, con los momentos de hacer el mongolo con Pily por la Alhambra y con esa noche en la que pasé más frío que el carajo, con Gema viendo como bebía absenta en el pirata, con Bego jugando al billar, con Diego y Gabi diciendo burradas, me quedo con tantas cosas, y desecho tantas otras...

Espero no tener alzheimer jamás. ;)