Llegué con algo de miedo, miedo a lo desconocido.
Llegué a una residencia en la que no conocía a nadie, y en la que a lo largo del curso fui conociendo a gente bastante cojonuda.
Llegué a una carrera en la que no conocía a nadie, y he acabado conociendo a un puñado de personas con las que el día de mañana a lo mejor comparto oficina.
Llegué a Sevilla con el corazón medio vacío, y con muchas espinitas clavadas en él, a día de hoy las espinas se han marchado, y una chiquilla lo ha llenado.
Llegué a Sevilla... Llegué... Y me marché el primer año con un buen sabor de boca, y con ganas de más.
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