Como cada mañana el sol al cielo ascendió, y poco a poco, se abrió el telón. Una mesa, una estantería y algunos libros.
Y como una marioneta Mario se levantó. Con los últimos granos de arena de los sueños en los ojos se fue caminando inseguro hacia el cuarto de baño. Giró el grifo hacia la derecha y esperó a que el vapor de agua subiera mientras se miraba la cara en el espejo, donde un amigo escribió un día "Sueña" y que ahora estaba parcialmente borrado.
Se lavó la cara con cuidado y abrió los ojos de par en par, miró el reloj. Iba bien de tiempo. Se dirigió a la cocina y se preparó unas tostadas, calentitas y levemente tostadas pero con aspecto tierno, tal y como le gustaría que fuera la vida. Unas tostadas sencillas.
Las untó de mantequilla y les echó miel por encima, abrió la ventana y se asomó a mirar el mundo mientras desayunaba. Un gesto que tomó prestado de un compañero de la juventud, era como si cada mañana se desayunase el mundo.
Todo seguía como siempre, coches en las calles, padres llevando a los niños al colegio, el reloj seguía girando hacia el mismo lado. Se giró y encendió la televisión para oir las noticias mientras miraba por la ventana. Era algo, casi irónico. Él miraba por la ventana y se daba cuenta de que el mundo era un engaño.
Crisis económica mundial, pero la gente andaba por la calle con las bolsas del corte inglés y compraba el periódico como cada mañana. Según sus cálculos no comprar el periódico todos los días podría suponer al año un ahorro considerable. Calentamiento global, pero los coches y las motos seguían corriendo por la calle ajenos a sus emisiones. Muerte en la frontera de Gaza, pero allí estaba la gente feliz, ajena al problema y sobretodo sin alzar el grito al cielo.
Y así todas las mañanas como un pequeño gran teatro de marionetas, la ciudad se despertaba. Y al son de algún titiritero todas se movían, obviando los demás teatros de marionetas. Sin quejarse, sin levantar la voz, adormilados. Trabajar, comer, dormir, ¿para qué más? ¿Para qué aprender? Es más cómodo obedecer.
Y así todas las mañanas Mario se preguntaba a dónde iriamos a parar. Si la tele nos amuerma. Si queremos emular a los mayores ladrones del mundo. Si queremos tener todo lo que está a nuestro alcance aunque no nos haga falta. Y él solo quería llegar al nirvana.
Ay, ¿dónde iremos a parar? El egoismo humano nos hará caer cuando nos creamos en lo más alto, ese será el fin que unos pocos habrán creado para todos...
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1 comentario:
La primera mitad del texto me ha encantado (no se si tuya o sacada de por ahí...es tuya,no?)
La segunda no, dice lo que se espera que se diga, lo correcto. Pero al fin y al cabo...no haces nada para cambiarlo...asi que... Ingenieros sin Fronteras!Algun diaa....^^
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